Una de las tiendas pioneras del centro comercial tucumano fue “La Esperanza”. La había fundado en 1878 Enrique Idígoras en un primer local en Muñecas primera cuadra; luego lo trasladó al frente y finalmente compró dos terrenos en la esquina sudoeste de Muñecas y Las Heras (hoy San Martín), según cuenta Lourdes Fioretti en la revista Yerba Buena N° 42 (2009). Allí inauguró el 22 de mayo de 1926 el edificio señorial que le dio a la esquina, según contaría después LA GACETA, un aspecto “majestuoso”.

La construcción tuvo cuatro lujosos ascensores Otis que conectaban las plantas de la tienda y el sector de la vivienda, la cual tenía ingreso por calle San Martín. Los escaparates tenían vidrios curvos traídos de Inglaterra, al igual que la claraboya colocada en la casa de familia, que le otorgaba iluminación desde el último piso hasta el salón comercial. Todos los pisos tenían madera de Roble de Eslavonia; las escaleras tenían bronces importados a medida y mármol de Carrara. Idígoras fue uno de los primeros socios del Club Atlético Tucumán, del Rotary Club y de la Sociedad Española. Su tienda, que llegó a tener 80 empleados, abarcaba los rubros de ropa de damas, caballeros, niños, juguetería, sedería, sastrería y perfumería. Tras su deceso, la crisis afectó el negocio hacia 1949 -ya no pudo importar los artículos que comercializaba-. Se dividió el salón principal en varios locales, que fueron alquilados. Durante mucho tiempo, desde los años 50, funcionó en la parte baja la zapatería Wonder. Los pisos superiores fueron alquilados por la Caja Nacional de Ahorro Postal, la cual compró el edificio en 1953. Lo utilizó hasta que en 1979, en un plan de expansión, comenzó la demolición (como se ve en la foto). En 1981 sería inaugurado el edificio de la Aduana (que se ve hoy).

Recuerdos fotográficos: la esquina de San Martín y Muñecas, entre los 60 y los 80

En un texto de despedida del emblemático edificio, LA GACETA escribió el 27/05/1979 que pese al “modernismo arrollador” de la nueva construcción, “en la historia de la ciudad, en la memoria colectiva, quedará sellada la imagen monumental que marcó rumbos”.